Terapia con baile alivia sintomas del mal de Parkinson

Terapia con baile alivia sintomas del mal de Parkinson

Gracias al tango, la cumbia y los porros decenas de pacientes, quienes han recuperado los movimientos tras padecer una enfermedad degenerativa que los va dejando inválidos.

El neurólogo británico Oliver Sacks, autor del famoso libro Despertares, en el que se basó la película del mismo nombre, dirigida por Penny Marshall y protagonizada por Robin Williams (1990), considera que la danza es la disciplina artística que más se acerca al poder sanador de la música, y todo indica que no se equivoca.

Sacks no empleó la danza para tratar a los pacientes catatónicos que aparecen en su libro y que, al parecer, sufrían de un tipo grave de mal de Parkinson. Sin embargo, en Colombia y en otros países de América Latina, como en Argentina y Uruguay, se están empleando con éxito la cumbia, los porros, la salsa y el tango para mejorar la calidad de vida de las personas que sufren la enfermedad.
«Hay géneros en particular que tienen un ritmo y velocidad muy definidos, como la cumbia o el tango, que exigen del paciente concentración y coordinación, lo que genera un mejoramiento en el ritmo interno, el equilibrio y la capacidad para caminar», explica la doctora Beatriz Eugenia García, directora de la Fundación Parkinson, que funciona en Cali desde hace cinco años.
«La danza es una terapia maravillosa pues, además de levantar el ánimo, dar alegría, le permite a uno comenzar a recobrar los movimientos de brazos y piernas: para mí ha sido algo maravilloso, casi mágico», afirma la atleta Alicia González, hoy con 51 años y quien convive con el párkinson desde hace 15 años.
La sensación de bienestar que dan la música y la danza es elogiada también por el ingeniero agrónomo Pedro Suárez, a quien le diagnosticaron párkinson en 1998. «La danza lo llena a uno de vitalidad, de esperanza y le da una fuerza alegre, que lo anima a hacer movimientos que cuestan mucho trabajo realizar por la enfermedad».
El párkinson «es un trastorno del sistema nervioso central que se caracteriza por la pérdida de neuronas de la sustancia negra, encargadas de la producción de dopamina, un mensajero químico o neurotransmisor que participa en la actividad coordinada de los músculos y del movimiento», explica García.

Cura musical
La Fundación Parkinson de Cali realiza diferentes terapias con la música, especialmente con la danza, y emplea, sobre todo, «cumbias, porros, salsa, tango y los demás ritmos que, de una forma u otra, transporten al paciente a la época en que eran más jóvenes y estaban sanos. Eso permite que recupere la coordinación de los movimientos y el equilibro, pero, sobre todo, la autoestima y la alegría de vivir», explica García.
La terapia con la danza para aliviar los síntomas del párkinson también se está utilizando en Argentina y Uruguay. Allá, la música elegida es el tango. Especialistas como el doctor Juan Pedro Rubinstein sostienen que la danza del tango en los pacientes con párkinson mejora los síntomas de la enfermedad, especialmente en lo que se refiere a la marcha, la parte muscular y el equilibrio.
En su opinión, los efectos se explican porque el tango es el único baile que guarda el abrazo, se tiene que bailar en pareja y exige mantener una postura específica y equilibrio.
En el caso concreto de Uruguay, el Instituto de Neurología de la Facultad de Medicina, la fundación Joventango y el Centro de Medicina y Especialidades son los que impulsan el proyecto de tangoterapia.
Especialistas en la enfermedad consultados por EL TIEMPO estiman que el movimiento, el ejercicio y la música son fundamentales, porque el enfermo de párkinson se deprime mucho.
La danzaterapia surgió en la década de los cuarenta en Estados Unidos, y posteriormente se desarrolló en Europa. En América Latina, Argentina, Cuba y México han realizado investigaciones al respecto, principalmente en la isla, donde existe un programa nacional, con apoyo del Gobierno, que es aplicado en hospitales psiquiátricos, escuelas, asilos y otros centros de rehabilitación.
Tratamiento pionero
La danza no es el único valor agregado que le da a la Fundación Parkinson de Cali el título de pionera local en el tratamiento de la enfermedad. El tratamiento que se aplica allí, denominado «reacondicionamiento integral continuo», es más complejo.
«Las terapias están orientadas a que el paciente recupere la habilidad de caminar, hablar, abotonarse la ropa o amarrarse los zapatos, acciones que la enfermedad, muchas veces, le impide hacer. Es integral porque, además de la terapia física, lo apoyamos emocionalmente», explica García.
Hasta hace poco, la terapia del párkinson sólo se limitaba a la ingestión de medicamentos para paliar los síntomas de la enfermedad y el paciente tenía, prácticamente, que resignarse a su suerte, es decir, al deterioro progresivo de su organismo y a la invalidez. En muchos casos, permanecía dopado y el deterioro físico se agravaba porque estaba inactivo.
Actualmente, existen numerosos testimonios que hablan de recuperación de los movimientos, de notable mejoría en la calidad de vida y de control sobre la enfermedad. La atleta Alicia González, por ejemplo, se entrena para correr media maratón el 28 de junio en Cali. Llegó a tener dificultades para caminar después de que le diagnosticaron el párkinson a los 37 años, pero ahora «entreno todos los días y me siento feliz. El secreto de la recuperación está en la forma como a uno le enseñan a convivir con la enfermedad, a no dejarse derrotar por ella. Sabemos que el párkinson no tiene cura, pero, también, que podemos manejarlo y lograr una mejor calidad de vida», afirma.
El ingeniero agrónomo Pedro Suárez asegura que su recuperación vino con las terapias dirigidas que recibió en la fundación. «Me enseñaron a manejar la enfermedad, me convencieron de que era posible controlar los síntomas y que yo podía hacerlo. Hace tres años dejé los medicamentos. Hoy, me siento tan bien como usted (se ríe). Lo que les puedo aconsejar a las personas que padecen de párkinson es que no se dejen vencer. Tengo 80 años y estoy bien. Sigo con la enfermedad, pero la tengo controlada. El lema es: no desistir», reitera.
José Omar García, de unos 45 años y a quien le diagnosticaron el párkinson hace 7, no podía caminar , y pensar en correr era casi una utopía cuando llegó a la fundación. «Estaba completamente inválido, pero ahora camino, corro, me siento feliz», afirma.
Otro de los casos notables es el del ingeniero aeroespacial caleño Rosendo Naranjo, jubilado de la Nasa y actual asesor de la agencia. Cuando se le diagnosticó el párkinson, fue tratado con medicamentos en E.U. Afirma que le daban pastillas que lo hacían dormir, que lo dopaban y que sólo presentó una mejoría cuando vino a tratarse en la Fundación caleña. «He vuelto a usar las manos, estoy hablando muy bien, es muy bueno tener un pensamiento y poderlo expresar. Camino relativamente bien, puedo subir escaleras, y algunas personas ni siquiera notan la enfermedad. Uno va encontrando trucos y va ganando confianza en sí mismo», afirma.

 

Compartir esta publicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco + diecisiete =