A veces no tenemos claridad.
Y ese momento es el adecuado para parar y mirar.
Reservarse un tiempo, donde nada ni nadie te entretengan para que puedas simplemente sentir: sentir tus emociones en el cuerpo sin juzgarlas. Entrar en tu fuego interior, ese que tiene: miedo, o rabia, o tristeza, o frustración, o soledad, o …. cualquier emoción que enturbia tu claridad. Hay que quedarse con ella, en cuerpo y alma, no pensarla, sino sentirla, mirarla, y atravesarla. Cuando se ha atravesado completamente es cuando llega la calma y después la claridad.
Esta parte del camino es la que muchos seres obvian, se entretienen, se enredan, se cuentan historias, analizan, no se cuentan la verdad, se anestesian, evitan …. sin embargo, es la más necesaria para avanzar. Se requiere de una entrega honesta.
Cuando sale la emoción exprésala, dale voz, llanto, dánzala, grítala, escríbela, respírala, lo que a ti te a ayude, hasta que salga toda entera. A veces dura unos minutos, a veces días, a veces años, depende de su profundidad.
Y cuando ha salido de verdad, es cuando estás preparad@ para lo demás, para el cambio, para el vínculo, para lo que te toca experimentar. Para poner tu nueva pieza en este gran mosaico …
Cada vez que haces esto tienes mayor confianza, más seguridad, vas encontrando certeza en tu caminar.
El amor es seguro.
A partir de aquí nos encontramos en el punto de: me abro al encuentro sin buscar un resultado. Y dejamos que la conexión ocurra. De verdad. Clara. Limpia.
Tu claridad iluminará el camino que te espera.
Adelante.


@sol.meditacion
El Jardin del Sol

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