Párate un segundo, ahora mismo, y observa tu respiración. Solo obsérvala.
Imagina que eres un árbol que crece en la montaña.
No crece de golpe.
Primero echa raíces.
Después se afirma.
Después crece.
Y cada etapa tiene su propio tiempo.
«No te vayas. Quédate aquí. Quédate conmigo.»
Ahora: Inhala suave 4 segundos…
Exhala 6 u 8 segundos…
«Sí. Sigue así.»
Sin que te des cuenta, esto es desarrollo gradual.
Primero raíces.
Después crecimiento.
Después fruto.
Respiras y tu árbol está creciendo.
Anoche soñé con un bufet.
Había todo tipo de alimentos exquisitos, primero quería ponerme de todo en el plato, después pensé, y decidí que solo quería coger lo que realmente me apeteciera, y disfrutarlo.
Cuando desperté y lo recordé, me vino:
estás desarrollando la capacidad de permanecer contigo mientras deseas amor. Consciente de la abundancia de existir.
Puedes escoger. Puedes saborear. Puedes esperar.
Y eso cambia muchísimo la experiencia.
Puedes querer.
Puedes imaginar.
Puedes disfrutar.
Puedes elegir.
Este árbol representa la parte que dice «quédate»
Raíz.
En el sueño aparece una mente que puede dispersarse por las múltiples opciones, muchas opciones vagan hacia sentirse una perdida. Y sin embargo, el árbol sostiene
no necesitas cogerlo todo por si después no hay.
Puedes confiar en que hay suficiente.
Y entonces aparece algo todavía más profundo:
Sabes lo que quieres.
«Esto es lo que me apetece.»
Primero:
me quedo conmigo.
Después:
reconozco lo que deseo.
«Quédate aquí. Quédate conmigo.»
El árbol hace exactamente eso.
No corre detrás de nada.
No intenta encontrar otra montaña.
No se mueve para escapar del viento.
Está.
Y está profundamente agarrado a la tierra.
El árbol es el «quédate».
El buffet es el «hay».
Y tú, en medio de ambos, eres la que puede decir:
«Estoy aquí. Hay suficiente. Y sé elegir lo que me hace bien.»
Gracias.
«Sí. Sigue así. Gradualmente.»
😉

¿Se entiende?

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