CONVERSACIONES CON DIOS — 2

—Dios, no estoy satisfecha.

—¿Por qué?

—Porque no hemos dicho nada.

—Hay una fuente dentro de ti ilimitada, llena de sabiduría, conocimiento y creatividad.

Conecta.

—Ya, pero creo que hemos comenzado fatal.

—¿Por qué? ¿Por tu nacimiento? ¿Por tu manera de comenzar a escribir?

—Sí, es una mierda.

—Cariño, sí, cuando se nace se caga. Y aun así se nace. Da igual.

(Respiro).

—Venga, me voy a entregar.

—Mejor descansa y sigues mañana.

—Me ha sentado fatal lo de ese chaval.

—Pero si se te había olvidado ya.

—Es verdad. Pero qué mal, ¿no? La gente así, que se larga sin decir nada…

(Silencio).

Me duermo y mañana seguimos.

Gracias.

—¿Por qué?

—Por guiarme. Por acompañarme. Por estar siempre conmigo, aunque a veces no lo crea.

—Te amo.

—Y yo a ti más.

Otro día…

—Dios, no sé cómo hacer… ¿Ponemos capítulos o qué?

—Da igual, la forma de hoy no será igual a la de mañana.

—¿Sabes? Alguien me ha dicho que ponga una foto mía en vez de una de la IA…

¿Qué te parece?

—Esto es todo un boceto, es un entrenamiento, lo bueno está aún por llegar.

Muchos procesos creativos abortan porque se busca la perfección, y se trata de inspiración, de disfrutar, de dejarse llevar y, sobre todo, de jugar.

Os tomáis la vida demasiado en serio…

Lo importante no es el resultado, es el proceso, la expansión, las diferencias que se evocan en cada uno, eso es la creación.

De las diferencias se aprende.

—¿Por eso tú te dividiste en todos y cada uno de nosotros?

—No estoy dividido. Todos somos uno. No hay separación. La única verdad es la UNIDAD.

—¿Por qué nos cuesta tanto verlo?

—Porque no entráis en vuestro corazón. Hay que entrar en el corazón de verdad.

—¿Seguimos con la mañana gris de invierno?

—¿Quieres?

—No sé, la verdad.

—Quédate aquí conmigo, siente tu pecho.

¿Puedes sentir el latido?

—Sí.

—Ese latido soy yo.

Soy el AMOR que sientes.

Quédate ahí.

Permanece.

No te vayas a los entretenimientos de la mente.

Solo siente.

¿Qué sientes?

—Amor.

(Silencio).

—Gustito.

Como escalofríos por el cuerpo.

Electricidad por la columna.

Ganas de quedarme así todo el rato.

—Hazlo.

—Entonces no escribimos…

—Acabas de ver el juego humano.

Cuando quieras, puedes dejarlo.

Es intenso, pero poco a poco te irás acostumbrando.

—Gracias.

Sigo sintiendo el latido.

—Quédate con él.

Ahora descansa.

Mañana seguimos.

(Tengo todo el cuerpo electrizado.)


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