—Adelante, Dios. ¿Quieres que escriba?
—Sí, por favor.
—OK.
—En una mañana gris de invierno…
—¿Estás de broma, no?
—No, ¿por qué?
…
—¿Sabes por qué te pongo a escribir en una mañana gris de invierno … ?
—¿Por qué?
—Es un cortafuegos. Tu mente está a la expectativa…
(Me muevo, algo que suele hacer el cuerpo cuando está inquieto …).
Ponte cómoda. Eso es.
¿Mejor?
—Sí.
Me resulta curioso que me hables…
—¿Sí? ¿Por qué?
—No lo sé. Y también me da algo de vergüenza escribirlo.
(Silencio).
—Es un reto, lo sé.
Por eso te pido que lo hagas. Tú quieres hacerlo, solo hay un impedimento y vas a aprender a hacerlo pese a él.
El impedimento gana o ganas tú. ¿Qué prefieres?
—No lo sé.
—Escribe:
Cierra los ojos, sumérgete.
Siente el palpitar de tu cuerpo, llega hasta las manos, hasta los dedos de tus manos, hasta la punta de los dedos de tus manos.
No opines.
Solo siéntelo.
¿Qué sientes?
—La vibración, es intensa, llega hasta la punta de los dedos, sí.
—Eso es, sigue ahí.
—Ahora me pica la nariz.
—Bien, eso es la mente, que quiere estorbar. Sigue con tu atención en la vibración de las manos.
¿Qué más sientes?
—Me siento bien y, a la vez, me duele un poco la cabeza.
—Bien, es más vibración que está entrando en tu sistema. Respira y dale paso.
Deja que baje al corazón, que tu cabeza suelte la lucha.
¿Lo ves?
—Sí.
—Continúa.
—Siento felicidad en el pecho…
—Muy bien, sí, la dicha del corazón, porque estás haciendo algo que es tuyo, que te pertenece, que es tu camino. Tu corazón lo sabe, tu alma se abre, respira amor. Lo estás haciendo muy bien, continúa.
—Tengo electricidad debajo del ombligo, siento agua y también un poco como en un abismo.
—Vas bien, vence tu miedo.
—¿Cómo?
—Solo respira y sigue sintiendo.
—Ahora siento vibración en los dedos de los pies.
—La nueva energía entrando en tu cuerpo, no temas. Sigue.
—Me doy cuenta de que mi cuerpo está cansado.
—Sí, eso dice la mente porque es por la noche y has de ir a descansar.
Pero primero, vence eso también, rompe el programa, puedes más, adelante. Lo estás haciendo muy bien, estás escribiendo exactamente lo que te digo y eso es lo que quiero que hagas, nada más.
¿Ves? Muy bien, es sencillo.
—Me siento como en una especie de cuerda floja y que he dado solo un paso, casi como montar en bicicleta cuando te quitan por primera vez los ruedines.
—Eso es, es fácil y sencillo, es como cualquier otro proceso de aprendizaje. Tienes que ir despacito, pero hacia delante, siempre hacia delante, como los saltamontes, criaturas hermosas que siempre saltan hacia delante y ahí están para recordar que así es.
—¿Sí?
—Sí.
—¡Ayer vi uno!
Es más, ayer, sin ir más lejos, rescaté uno pequeñito de la piscina de una amiga que fui a visitar.
—Ya lo sé, eras tú, fui yo. Tú eres ese saltamontes pequeñito, ¿recuerdas que somos uno?
—¡Ay, que me parto, Dios! Que ahora me estoy acordando de la imagen esa de Martes y Trece con la parodia del pequeño saltamontes… ¡Jajajaja!
—Eso es, alegría, sentido del humor. Todo es alta vibración que te ayuda a que te acostumbres a esta vibración y así toda la información fluye en armonía. Solo has de plasmarla tal cual, tal y como llega, sin mayor dificultad. Muy bien.
—Sí, pero también es intenso.
—El Amor es intenso, mi amor.
Tenéis que acostumbrar vuestro canal. Vuestro sistema nervioso central se ha de habilitar, y la risa es uno de los mejores entrenamientos para ello.
—¡Vaya! Quién lo iba a decir…
A mí mis padres, de pequeña, se enfadaban conmigo porque me reía muy alto…
(Silencio).
Vale, vuelvo, me centro.
—Sol, lo estás haciendo muy bien, no te castigo.
Esto es así de sencillo, solo déjate llevar.
Observa cómo el corazón es un órgano que late dentro de tu pecho. Es una maquinaria perfecta, de altísima vibración y ejecución. Sabe perfectamente qué, cómo, cuándo, adónde, en qué momento, con quién, para quién, hasta dónde… Solo quiero que te centres en él y que las personas que te lean también aprendan a hacerlo.
Con esto, de manera diaria y continuada, tendréis el pasaporte hacia el Cielo. Es la Verdad.
—Gracias.
—Gracias a ti, mi amor, por usar tu tiempo y tu cuerpo para ello.
Ahora deja de escribir, publícalo tal cual, sin arreglos ni embellecimientos, y sigue practicando hasta que caigas en tu dulce sueño.
Te amo.
—Estoy sin palabras, pero siento que yo te amo más, y mucha gratitud del alma.
L O V E

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