CONVERSACIONES CON DIOS — 7

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(Han sucedido unos cuantos días de silencio y reset interior …).

(Después de este silencio, me da vergüenza salir al exterior y contar esta intimidad, pero siguiendo los pasos … lo que sana es la honestidad y la apertura, así que allá voy…).

(También tengo una lucha entre escribir y descansar y dormir …).

—Dios, tú sabes que yo quiero hablar contigo, que lo que más anhelo es tu respuesta. Te amo. Soy yo la que te ama.

Tres páginas para hablar contigo. Three Morning Pages. Cada día.

He escuchado a Elizabeth Gilbert y ella dice que me puedo escribir cartas de amor a mí misma, diciéndome lo que quiero oír, lo que me gustaría oír, lo que me gustaría que me dijesen. Y también que a Dios se le puede hablar a cada momento y que Él/Ella/Tú nos hablas. Que te puedo preguntar lo que quiera y me respondes.

También dice que cuando nos atascamos lo que no saca del bloqueo es decir la verdad, y yo soy muy fan de la Verdad, es ser honest@s …

Entonces yo ahora te pregunto:

—¿Esto es así?

—Yes.

—¿Cómo puedo hacerlo, Dios?

(Y te digo esto yo, que soy la que siempre pregunta, te pregunto…).

—Escuchando tu corazón.

—¿Jugamos?

—Siempre.

—¿Por qué dudo tanto de todo?

—Porque eres humana, os pasa a todos.

—¿Por qué anhelo tanto un amor?

—Porque es tu derecho divino de nacimiento.

—¿Y por qué no lo tengo?

¿Por qué llevo tanto tiempo sin tenerlo?

—Porque hay rencor.

Lleva su tiempo.

—¿Puedo hacer algo con este rencor?

—Sí, entrégamelo a mí.

—Dios, si fuese tan fácil. Llevo ya años entregándote de todo.

—Hazlo ahora.

—OK, toma todo el rencor que hay en mí. Te lo entrego.

—Sol, ¿eres consciente de que, si parases así como ahora y pasases más tiempo escribiendo, comunicándote conmigo, te iría mucho mejor? Serías más feliz. ¿Lo ves? ¿Lo comprendes?

—¿Y por qué no lo hago? ¿Por qué me cuesta tanto?

—He ahí tu entrenamiento, he ahí donde has de poner tu foco. Te acuestas todas las noches con tu cuaderno y te levantas cada mañana con él. Solo tienes que cogerlo, nada más. Escribe, escribe, escribe. Esto es lo menos nocivo que puedes hacer por ti. ¿Lo ves?

No tienes que escuchar nada afuera, solo tienes que ponerte aquí a escribir y a conversar conmigo. Te llegarán todas las respuestas. Lo verás todo mucho más claro. Te sentirás mejor.

Verás todas tus tentaciones, todas tus inercias. Todo el rato quieres hacer cosas ahí fuera. Quieres, quieres, quieres.

—Pero, Dios, ¿aquí dentro voy a encontrar yo pareja?

—Por supuesto. Aquí te prepararás para ello, mi amor.

—¿Y por qué escribo y escribo y escribo y luego no lo leo?

—Porque lo que escribes sale de ti. Ya está en tu corazón, mi amor. No necesitas recordártelo. No es externo, mi vida.

—¿Por qué me enfado?

—Porque no te haces caso. Porque no escuchas dentro y haces caso a lo que dicen otros ahí fuera. No es que no te den lo que quieres. Es porque NO TE DAS LO QUE TÚ QUIERES.

—Guau, vaya.

¿Por qué tengo siempre problemas con el dinero?

—Sí lo tienes.

—Tengo escasez, Dios. ¿De veras?

—Acabas de hacer una compra de 62 euros que te traen a casa mientras estás aquí, en la cama, escribiendo. ¿Eso es escasez?

—No.

—¿Ves lo que quieres ver?

—Ya. Te quiero ver a ti.

—Ahora me estás viendo.

—Gracias.

—¿Cuál es la rutina diaria que a mí me va bien?

—Te pones tensa solo preguntando esto.

—Sí, porque no sé cómo hacerlo. Llevo mucho tiempo con esto y no sé si voy a creer lo que me dices.

—OK, respira.

Entra.

No hay una rutina rígida para ti, mi amor. Estás en constante cambio. Lo que te hace bien ahora no tiene por qué hacerlo también mañana, porque se darán otras circunstancias.

Ahora te hace bien escribir. Y mientras más a menudo lo hagas, mejor será para ti.

Tranquila, esto es verdad.

—¿Cómo puedo confiar en lo que me dices?

—Es de verdad, eres tú de verdad.

Y ahora veo que la última frase que he escrito era: «Tranquila, esto es verdad».

Así que ya me habías respondido.

Gracias por contestar.

Te amo. Te amo infinito. Gracias.

—¡Hala, ve a escribir todo lo que quieras y disfruta con ello! Y ven siempre. Aquí estoy.

—Te amo infinito yo también.

—Y siempre, siempre te he amado y siempre te amaré.

Respuestas

  1. Avatar de ALEGRÍA – Jardín del Sol

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